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lunes, 30 de mayo de 2016

De la escuela de familias me llevo...

Os enlazo este muro para que todos podamos participar dejando nuestra opinión. Para dejar tu comentario solo tienes que pinchar en cualquier sitio del muro y escribir... Recordad que también podéis adjuntar vídeos, fotos... Os espero!
    

martes, 17 de mayo de 2016

¿Y tú qué harías con una caja de cartón?

Una de las potencialidades más interesantes del ser humano es la creatividad. Con ella hemos construido prácticamente todo lo que tenemos alrededor, y es casi única en nuestra especie. No es que el resto de animales no tengan creatividad, pero en el ser humano ésta es muy superior y nos ha llevado a evolucionar de un modo asombroso.

Por eso, en ocasiones me pregunto si los niños tienen espacio y tiempo para desarrollar al máximo dicha capacidad que, desde que nacemos, nos viene dada.

Así que propongo un ejercicio:

  1. En primer lugar piensa por un momento qué usos darías a una caja de cartón.
  2. Escríbelo en una hoja de papel.
  3. Cuenta cuántos usos te han salido. ¿Han sido cinco usos? ¿de cinco a diez? ¿más de diez?
  4. Compáralo con el siguiente vídeo. 

¿Qué opinais? ¿sois tan creativos como para crear las Aventuras de la Caja de Cartón?
¿Y nuestros hijos? ¿cuánto de creativo tienen?, y lo más importante, ¿cuánto tiempo y espacio les dejamos dedicar a la tarea de inventar, soñar e imaginar?
... espero que mucho... :-)




miércoles, 4 de mayo de 2016

La importancia de la comunicación positiva

Ya hemos hablado en algunas ocasiones, en este blog, de la comunicación positiva con los hijos. La verdad es que no quiero dejar de dar importancia a este tema porque además, cada día leo más cosas sobre este tema.

Parece ser que la comunicación positiva no sólo mejora las relaciones con el resto de personas, y en concreto nuestros hijos e hijas, si no que además prolonga nuestra vida y nos hace superar muchos obstáculos.

El lenguaje humano es de enorme complejidad, podemos decir que la evolución del ser humano se debe en gran parte a que tomáramos la postura de caminar erguidos y poder usar las manos. Pero también, y quizás tan importante como ese hito evolutivo, hemos evolucionado hasta el punto en el que estamos gracias al lenguaje. A través del lenguaje no sólo nos expresamos, si no que pensamos y creamos.

En la actualidad, y concretamente desde el avance de la neurociencia, estamos pudiendo identificar lo que pasa en nuestro cerebro con las palabras, sabemos qué áreas se activan según qué palabras, y existe evidencia científica de que el lenguaje positivo, y palabras como "alegre, meta o ímpetu" inciden directamente sobre nuestra salud ejerciendo una barrera protectora en nuestro cerebro, que es absolutamente plástico.
Así lo enuncia Luis Castellanos, autor del libro "La ciencia del lenguaje positivo", en un artículo que os enlazo a continuación:

Artículo: El lenguaje puede salvar tu vida. El lenguaje puede salvar tu vida.

Espero que disfrutéis del artículo y aprendáis mucho... y ya sabéis, merece la pena transformar nuestro lenguaje y utilizar palabras positivas, para nosotros y para nuestros hijos, aunque esto en ocasiones requiere mucho esfuerzo, puesto que no sólo está en juego nuestras relaciones si no también nuestra salud.

jueves, 17 de marzo de 2016

Felices vacaciones

Llegamos al comienzo de estas nuevas vacaciones de Semana Santa con gran esfuerzo, nuestro y de nuestros hijos e hijas. Pero aquí estamos para disfrutar de nuestro merecido descanso.

Quería desearos muy felices vacaciones y recordaros que no está mal un poquito de baile.
Porque aunque queramos que nuestros niños y niñas lleguen lejos en la vida, a veces necesitan coger un poco de impulso en el juego, en la imaginación, en la creatividad, etc. para conseguir llegar.
Y nosotros, padres, madres, somos el principal motor para su recorrido y  no debemos menospreciar el valor del juego, de los sueños y de la fantasía.

Así que, os deseo muy felices vacaciones y que os atreváis a bailar :-)


jueves, 3 de marzo de 2016

¡Sí, tú puedes!

Vamos a dedicar esta entrada para hablar de magia... sí, de magia. La magia de educar en la motivación, la autoestima y la seguridad en uno mismo.
¿Sabíais que el lenguaje que utilizamos con nuestros hijos condiciona su carácter y su capacidad para sentir que pueden o no hacer las cosas?
Parece cosa de magia, pero en realidad no lo es. Incluso, aunque no digamos a nuestros hijos que no pueden, si nosotros estamos convencidos de ello, proyectaremos esa idea. Esto se debe a nuestras neuronas espejo, que tienen el cometido de identificar aquellas cosas que vemos y que sentimos para hacerlas propias.

Hace cincuenta años, el psicólogo Rosenthal hizo un experimento muy curioso. Les dio a sus alumnos unas ratas para que las entrenaran con el fin de que encontrasen comida en un laberinto. A un grupo de alumnos les dijo que su grupo de ratas era una especie modificada que aprendían con mucha rapidez, y al otro grupo de alumnos les dijo que sus ratas pertenecían a una especie muy torpe. En realidad todas las ratas eran iguales. El resultado fue sorprendente, se comprobó que las falsas ratas sabias aprendieron con mayor "rapidez" que las falsas ratas "tontas". Los alumnos que habían entrenado las ratas "sabias" sin querer habían estado educando  con más intensidad y eficacia que los otros.

Después decidió averiguar si en la escuela pasaba lo mismo. Falseó los resultados académicos y los test de inteligencia de un grupo de alumnos "mediocres" y se los dio a sus nuevos profesores, diciéndoles que eran chicos sobresalientes. Ocho meses después les pasó los test a estos alumnos y descubrió que habían mejorado espectacularmente.

Lo curioso es que ni los alumnos con las ratas, ni los profesores con sus alumnos, eran conscientes de haber estado haciendo algo de manera diferente. Lo llamó "Efecto Pigmalión".

Así que esta es la magia de la que os quiero hablar. Las creencias y expectativas que volcamos sobre nuestros hijos e hijas obran en ellos para que cumplan o no esas expectativas, es lo que llamamos "Profecía autocumplida". Si creemos que nuestro hijo será capaz de subir por la escalera sin caerse y sin sujetarse, probablemente lo hará aunque siempre habrá riesgo de que se caiga. Sin embargo, si creemos que nuestro hijo  se caerá, aumentaremos las probabilidades de que se caiga. Si creemos que nuestros hijos aprenderán mucho, se enfrentarán a dificultades y las superarán, se relacionarán con sus iguales de modo eficaz, etc., es muy probable que alcancen dichas metas o se aproximen mucho a ellas.

Sin embargo, y esto es mucho más importante, si creemos que no serán capaces de hacer determinadas cosas estaremos proyectando sobre ellos esa creencia y probablemente ellos cumplan con nuestras expectativas, se convertirán en eso que nosotros creemos, enunciamos y sentimos.

Por lo tanto es imprescindible que la frase que exista siempre en nuestra cabeza y seamos capaces de enunciar sea: "Sí, tú puedes", porque será la única manera de que ellos sientan motivación hacia el logro, empoderamiento y aprendizaje.

Cuando nuestro hijo nos diga: "papá, mamá, no puedo", deberíamos siempre recordarlos que ellos pueden, pero que nosotros estamos ahí para apoyarlos y siempre pueden pedirnos ayuda hasta que consigan hacerlo por ellos mismos, cosa que sucederá seguro.

Es importante enunciar en términos positivos todo lo que les digamos a nuestros hijos, sobre todo si queremos que ellos se enfrenten con mentalidad y actitud positiva a la tarea que se propongan. Pensemos que nuestros niños son pequeños ahora, pero crecerán, y todo lo que hagamos para que ese crecimiento sea saludable contribuirá a que puedan ser personas adultas que saben superar los obstáculos y mejorar día a día.

Así que hagamos magia, enseñémosles a nuestros niños y niñas que su futuro depende de ellos, aunque nosotros siempre estemos ahí para apoyarles.

Os dejo un extracto de la película "En busca de la felicidad" que seguramente hayáis visto alguna vez aunque merece la pena reflexionar sobre él.


martes, 9 de febrero de 2016

El estrés infantil, prevención, detección e intervención

En los tiempos que vivimos es más que frecuente escuchar la frase "estoy estresado", o "¡qué estrés!", o "¿yo estresado?" 

En cualquiera de esas expresiones subyace el sentimiento de no poder abarcar todo lo que tenemos por delante, es decir, no ser capaz de dar una respuesta adecuada a las exigencias de la vida. Sin embargo, generalmente es algo que nos atribuimos y podemos identificar en nosotros mismos, pero no en nuestros niños y niñas, ¿por qué? 

Los niños también pueden sentir esa sensación de no llegar a abarcar todas las exigencias de su vida, o de no ser capaz de dar la respuesta adecuada, y eso conlleva una serie de manifestaciones que pueden variar entre puramente físicas a trastornos de otra índole donde el niño sienta incomodidad pero no sepa explicarlo. 

Antes de nada vamos a delimitar qué es exactamente el estrés y cuáles son sus manifestaciones más claras.

En primer lugar hemos de decir que la respuesta de estrés es una respuesta adaptativa de nuestro organismo. Ser capaces de activarse ante las presiones de nuestra vida es bueno y nos permite pensar, decidir y ejecutar determinadas decisiones. Sin embargo, cuando las respuesta de estrés se mantiene en el tiempo y exige de nosotros demasiada activación podemos sentir desbordamiento, sensación de malestar y, en ocasiones, complicaciones físicas.

El estrés continuado en el tiempo debilita nuestro sistema inmunitario y puede hacernos más vulnerables a determinadas enfermedades. Es importante por tanto aprender a identificar la situación de estrés, a resolver de manera eficaz y no tener que llegar a males mayores. 

La respuesta de estrés por tanto pasa por varias fases: 

  1. Alarma o activación: cuando nuestro cuerpo detecta que hay que activarse para responder a una demanda de nuestro ambiente. 
  2. Resistencia: mantenemos el nivel de activación para seguir dando respuesta a las demandas ambientales. 
  3. Agotamiento: cuando la activación se mantiene demasiado tiempo y percibimos que ya no sabemos dar respuesta. Es en esta fase en la que sobrevienen enfermedades, ataques de ansiedad o falta de claridad. Es también esta fase la que solemos asociar con el estrés. 
Cuando sobreviene la fase de agotamiento, solemos adolecer de varios síntomas que van en perjuicio de nuestra salud tanto física como mental. Es por tanto imprescindible actuar mucho antes de que sobrevenga dicha fase, y prevenir con herramientas de control de la situación de agotamiento. 

¿Y cómo se manifiesta en los niños? Los niños pueden sufrir estrés por muy diversos motivos: separarse de sus padres, evitar ir con personas desconocidas, el nacimiento de un hermano, el divorcio de los padres, cambios significativos en sus vidas. 

Evidentemente, los niños y las niñas también sufrirán la respuesta de activación para hacer frente a la situación demandada, pero la idea es conseguir darles herramientas para manejar dichas situaciones y así prevenir que se desencadene un nivel más elevado o que pase a la fase de agotamiento puesto que esta fase es la más complicada de manejar. 

A modo de prevención es bueno que los niños identifiquen señales de su propio cuerpo. 
  • Cuando me enfado, me pongo de color rojo (muy nervioso, no atiendo a razones...), todos mis músculos se ponen en tensión, y por eso no puedo pensar con claridad. Resulta muy interesante la canción de "Despacio yo me tranquilizo", de César García-Rincón y que os enlazo a continuación: 



  • Con este tipo de recursos les estamos enseñando a poner nombre a sus sensaciones cuando les suceden situaciones que no saben manejar. Podemos ampliar con las técnicas de relajación y respiración para niños que hay también en este blog. 
  • También es importante acostumbrarnos a charlar con ellos, hablarles y escucharles como parte de un proceso de entrenamiento y a través del cual podemos irles ayudando a expresar sus propias sensaciones. La escucha y la comunicación probablemente sea uno de los recursos más útiles en la prevención de situaciones de estrés en nuestros hijos e hijas. 
  • Enseñémosles con el ejemplo, si nosotros abordamos las situaciones con descontrol emocional y sin capacidades para manejar lo que nos vaya sucediendo, es más probable que nuestros hijos aprendan a abordar también así sus propias situaciones a lo largo de su vida. 
  • Acostumbrémosles a realizar ejercicio físico: ayuda a quemar sentimientos estresantes y activa las endorfinas, con lo que proveemos de una grata sensación de libertad y relajación. 
Si aún así, percibimos cualquier síntoma en nuestros hijos e hijas de poder estar bajo una fase de agotamiento por estrés, la recomendación fundamental y antes de nada es hablar con un profesional del tema que pueda dar herramientas y recursos para poder trabajar. Aunque no olvidemos que para llegar a esa situación, primero hay que pasar por varias fases previas, es ahí donde nosotros (madres y padres) hemos de estar a su lado para ayudarles a identificar y abordar de manera saludable. 



jueves, 14 de enero de 2016

Mamá, Papá, ¡Tengo miedo!

El miedo es un comportamiento natural y adaptativo, si no tuviéramos miedo estaríamos expuestos a un montón de peligros sin que nos diéramos cuenta. ¿Os imagináis que no tuviéramos miedo a un ladrón?, ¿o a un huracán?, ¿o a perder el trabajo?

Cualquier  especie animal  desarrolla patrones de protección frente a lo desconocido; el más natural: la huida. El ser humano no va a ser menos y evidentemente nacemos con algunos miedos innatos como el miedo a los ruidos fuertes, a la oscuridad, o a lo desconocido.

Es después cuando vamos creciendo que esos miedos se pueden hacer gigantes o desaparecer, y es después cuando podemos incorporar muchos más miedos que ya no son adaptativos si no que les dificultan su desarrollo y crecimiento.

Es entonces cuando tenemos que ayudarles a superarlos para que no les generen bloqueos y falta de autonomía. El miedo sobre todo hace que un niño o niña no tenga autonomía, y nuestro trabajo como educadores es conseguir a lo largo de la vida de nuestros hijos que logren el máximo de autonomía.

¿Cuáles son los miedos más frecuentes a medida que van creciendo los niños y niñas?


  • Miedo a separarse de sus padres, el miedo al abandono. No tienen el concepto adquirido de la separación ni tampoco del tiempo como lo tenemos adquirido los adultos y por eso lloran cuando se separan de sus padres. A medida que van aprendiendo que sus padres siempre vuelven van superando dicho miedo.
  • Cualquier situación que provoque cambio les produce temor ya que es algo desconocido y ya hemos dicho que el miedo a lo desconocido reside en nuestra más ancestral configuración como seres humanos. 
  • Miedo a la oscuridad, a los monstruos, animales, etc. Son frecuentes ya que se trata de estímulos que son ajenos o que pertenecen al mundo de la fantasía. 


También es importante destacar que un miedo no es una fobia. Las fobias se corresponden con el ámbito de lo patológico, ya que una fobia lo que hace es bloquear al individuo hasta el punto de limitar su vida. Si bien es cierto que un miedo continuado en el tiempo y reforzado, puede desembocar en una fobia. Por eso es importante que les enseñemos a superar sus miedos con paciencia y sobre todo mucha, mucha calma.

¿Cómo enseñarles a superar los miedos? 

La clave está en la tranquilidad y el reposo. Cuando una persona tiene miedo la primera respuesta que manifiesta es la de tensión, ansiedad, huida. La respuesta de miedo se desencadena a tres niveles que están interrelacionados:
- Físico: palpitaciones, rubor, respiración agitada…
- Motor: correr, abrazarse y hacerse un ovillo, huir…
- Cognitivo: pensamientos paralizantes, irracionales… en el caso de los niños, llanto desconsolado.

Estos tres niveles se retroalimentan provocando que ante un pensamiento, una imagen, etc. sobre algo que me da miedo, nuestro cuerpo se acelere y comience a emitir señales que indican que estamos en peligro. Ante este malestar solemos tomar la decisión de huir, evitamos la situación y por tanto nos sentimos “a salvo”. Al hacer esto estamos reforzando al miedo, le hacemos más fuerte. Por eso es importante realizar el primer paso que es esencial: aprender a manejar nuestras señales corporales de ansiedad mediante técnicas de relajación y respiración.

Aprender estas técnicas no hace que superemos los miedos, pero nos prepara para afrontarlos de manera más eficaz. 

Así que, ante los miedos de nuestros hijos e hijas actuemos siempre con calma. Y además:


  • Transmitamos tranquilidad los primeros nosotros. Si les miramos con preocupación o  angustia probablemente sientan que ellos tienen razón y están en peligro. Además, no olvidemos que aprendemos por modelos, así que mostremos un modelo de calma ante la adversidad. 
  • Aunque es bueno que se enfrenten a los miedos, nunca debemos forzarles o enfrentarlos de golpe a ellos puesto que esto provocaría un disparo más elevado de sus tasas de ansiedad y las consecuencias podrían ser peores. Para enfrentarse hay que hacerlo siempre desde la relajación y la calma, en pasos sucesivos y con mucha seguridad. 
  • No ridiculicemos nunca a un niño con miedo, ni le digamos la famosa frase “si no pasa nada”, porque ellos están sintiendo que algo sí pasa, y debemos enseñarles a identificar sus sensaciones e irlas apagando progresivamente. Es mucho mejor decirles frases como: “respira, suelta los brazos, …” 
  • Cuando esté tranquilo podemos animarles a que hablen de sus miedos, cuenten por qué les pasa eso y qué es lo que sienten, de este modo normalizará sus pensamientos y habremos ganado una pequeña batalla. Evidentemente si el niño no quiere hablar de ello, no les forcemos a hacerlo, podemos en su lugar hablar de nuestros miedos y de nuestros sentimientos.
  • Es también bastante razonable pensar que si tenemos hijos o hijas con determinados miedos, no debemos fomentar historias o películas para las que no estén preparados. 


Por último, podemos ayudarles también mediante algunos cuentos que trabajan este tema, como por ejemplo: